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  • Amor R Girgenti

La evolución natural de las cosas

Me es apasionante el ver, entender y darme cuenta del equilibrio natural de las situaciones. En una cultura de origen judeocristiano como la nuestra, polarizada y procedente del pecado desde su mismo origen, es fácil pensar en términos dicotómicos: bueno/malo, salvación/condena, antes que cualquier otra interpretación. ¿Es la Naturaleza Dios? ¿podemos considerar como expresión divina a la misma creación: animales, plantas y resto de formas de vida? ¿es nuestra tendencia a pensar que la Naturaleza debe ser dominada por el hombre - único representante de Dios en la Tierra - algo lícito?





A raíz del actual "engaño pandémico"en el que no voy a entrar (indiscutiblemente hay virus; indiscutiblemente, muchísimos decesos podrían haberse evitado y de producirse, haberse acompañado evitado de una manera mucho más humana; indiscutiblemente, es inútil intentar parar un virus con mascarilla) la situación que empieza a dibujarse bien podría ser propia de una novela de ciencia ficción. Miedo y confusión, lo contradictorio es activamente promovido por los medios de comunicación. Rebrotes, medidas anunciadas como incoherentes que luego se vuelven eficaces... caos. Pandemónium. Pero, ¿es este el único rédito de nuestra realidad?


Sinceramente creo que estamos en un escenario perfecto que nos dirige, si así decidimos por propia voluntad, a un crecimiento personal exponencial e inusitado. La excepcionalidad de la situación que estamos viviendo nos pone en un lugar incómodo y los lugares incómodos son perfectos para la evolución personal, como creo que todos sabemos a estas alturas.


Ayer domingo reflexionaba sobre el lugar en el que nos colocamos como cultura en este momento. Siguiendo el curso de mis pensamientos, me adentré en un análisis más profundo de todo el escenario. Y entré en este análisis de la mano de la visión global de los Registros, que al situarse en un plano tan elevado, me muestran la realidad desde un lugar nuevo, no tan evidente para mí. Es de ese modo que fui penetrando en ese lugar donde todo lo sucedido tiene un sentido. Porque todo tiene sentido, eso también lo sabemos, por mucho que nos cueste a veces aceptarlo: la cuestión no es saberlo con la cabeza, la cuestión es sentirlo o entenderlo con el corazón. El corazón es lo que da sentido.


Siguiendo los vericuetos de mi mente y la información que llegaba a mi alma, accedí a otra manera de mirar que me parece interesante compartiros: la de la realidad no dual con la que culturas tan antiguas como la nuestra miran el mundo.




Es cierto que nuestra cultura empieza en el pecado, en conceptos de dualidad y de oposición. Oposición del hombre a la Naturaleza. Debido a esto, el cristal que usamos durante milenios, y aun hoy, para mirar al mundo, es el de la dualidad y dentro de él, el enfrentamiento: la mujer muerde una manzana que le enfrenta a Dios y expulsa al humano del paraíso. Este hecho enfrenta a hombre y mujer desde el origen. La expulsión del paraíso va a marcar que nos enfrentemos a la Naturaleza como a algo que debemos dominar, y así se dice desde un principio en los libros que durante milenios han dictado nuestro comportamiento y marcado nuestros valores. También este hecho de morder la manzana nos hace enfrentarnos a la ira de Dios, así como integrar la traición de la serpiente, que desde entonces no va a parar de reproducirse, un poco por todos lados, enfrentándonos a nuestra frustración e ira... y de este modo seguimos hasta hoy, por mucho que nos parezca (muy superficialmente) que como cultura dejamos atrás nuestra expulsión del paraíso. La dualidad y el enfrentamiento nos hacen comprender el mundo, y con dualidad interpretamos este asunto de la supuesta pandemia: cierto o falso, mascarilla sí o mascarilla no, virus-engañad@s o virus-víctimas, gobierno bueno o malo, etc. La lista es larguísima.


Lo curioso de la cuestión es que, como siempre, hay otra forma de acercarse a todo esto. No quiero repetirme con el confía, todo se va a arreglar... porque es verdad que todo se arregla, sí, y que la confianza en nosotros mismos es fundamental. Pero las cosas se arreglan cuando una se pone manos a la obra y con su vida y acciones conscientes manifiesta un cambio. Y ese cambio no viene del miedo, ni a nivel del sentir, ni a nivel del pensar, ni a nivel de la acción. Y además ese cambio empieza dentro. En el sentir en mi y en mi dentro de mí. Empieza ahí donde no quiero mirar... o donde creo que no puedo cambiar.


Cualquier realidad cambia cuando se incide en ella y la vía eficiente para incidir es desde quienes somos: usando nuestras herramientas personales, nuestras fortalezas y nuestro amor para transmutar lo que nos rodea, sea lo que sea. Transmutamos porque nos manifestamos a nosotras mismas, de ahí nuestra fuerza. En este momento la configuración espiritual y energética está muy potente, muy predispuesta a: la realidad es y está maleable. Nuestras cualidades, fortalezas y equilibrio interno son muy importantes cara a este cambio; de hecho, son nuestra única riqueza y fuente de "salvación" frente a todo. De ahí emana la tan ansiada estabilidad.


Y la interpretación no dual de lo que sucede es una bonita manera de mirar y de la que obtener comprensión y seguridad. Porque lo que tenemos delante es una puerta que se ha abierto a otra realidad. Una línea de tiempo alternativa a la que se puede acceder desde la propia voluntad, desde la integridad y coherencia profunda y personal...





La dualidad reside en el tiempo mismo, eso es innegable: es el tiempo, que viene dado por la traslación y rotación de la Tierra, el que nos da el día y la noche, poniendo los relojes en marcha, así como las estaciones y la caducidad temporal de nuestro cuerpo humano. Sin embargo, el aceptar esta dualidad evidente también a un nivel espiritual es otra cuestión. ¿Qué pasa si el Bien y el Mal son 2 actores con función de acicate a fin de ayudarnos a expresar nuestra divinidad en la Tierra? ¿qué pasaría si gracias a la dicotomía terrena pudiéramos acceder a una forma de existir más completa, más consciente? ¿qué pasaría si esta dicotomía terrena nos permitiera usar herramientas personales para llegar a manifestar nuestra divinidad en la Tierra, provocando el inevitable cambio de consciencia planetaria?

Y eso es precisamente lo que creo.


Todas las situaciones pueden ser vistas desde diferentes perspectivas y la densidad de la situación presente nos coloca en un buen lugar para empezar a indagar en quién soy y qué quiero, para desde ahí decidir si continúo dormida en mi vida-esquema-predeterminado, o si por el contrario empiezo a accionarme y empiezo a crear. Las visiones no duales del hinduísmo y del budismo nos son de gran ayuda en este punto, porque si en lugar de luchar contra una situación que ya ES, utilizo la misma como campo de prueba ensayo-error para manifestar mi divinidad, puedo beneficiarme mucho: librarme del miedo, de la rabia y de la emoción que me atan, afectando negativamente mi sistema inmunológico; aceptar mi realidad como una unidad que comporta las luces y sombras necesarias para la expresión de mi propio ser interno, profundo; experimentarme desde quien soy a nivel del alma, empezando a crear mi propia realidad y creando abundancia; transformar a través de mi acción consciente el mundo, desde mi pequeña y nada desdeñable persona; conocerme más, aprovechar mi vida y lanzarme al lugar que resuena en mi corazón; estar orgullosa u orgulloso de mi humanidad, manifestando mi vida a través del Amor que lo sostiene todo, lo que significa una atroz coherencia conmigo misma, una confianza absoluta hacia quien soy.





Aceptar una situación desde la Unidad que somos no implica volverse un robot, como tampoco dejar de tener una opinión crítica y despierta, ni aislarse del mundo. Lo que propongo aquí es un ejercicio de confianza hacia una misma. Una introspección que puede darse por medio de meditaciones diarias, o de la mano de largos paseos en solitario por la Naturaleza, o con una lectura de Alineación el Alma. El objetivo es reconectar, tomar consciencia de quien soy, de mis deseos profundos y accionarme, empezando desde luego por mi interior. El hecho de aceptar la realidad, dual para nosotros, como un escenario unitario, nos dará calma, una calma que va a preceder el infinito Amor que nace del Alma cuando empezamos a manifestar en nuestra realidad inmediata nuestros deseos y dones del alma. Magia pura y real como magia es la Vida misma. Igual.


La coherencia interna es clave en este ejercicio de toma de responsabilidad a un nuevo nivel, así como el aceptar nuestros dones divinos y el usar las capacidades innatas de nuestra mente para manejarnos en esta nueva dimensión elástica de la realidad. Respecto a las herramientas a usar, hay bastantes. Yo destaco siempre en primer lugar la meditación, porque el primer requisito indispensable es domar la mente, que nunca para. Una vez conseguida la calma mental, cualquier otra actividad se simplifica enormemente.

Yo voy presentando algunas de estas herramientas al público por medio de mi trabajo: desarrollo de la Intuición, Registros Akáshicos, Péndulo Hebreo para la limpieza del cuerpo sutil, aura y chakras, acompañamiento como coach en la realización de vuestros objetivos de vida, etc. Iré ampliando de todos modos información, hay muchísimo que decir al respecto.


En todo caso, nuestra situación actual es un regalo, aunque a primera vista pueda parecer que lo que digo es una locura. Si empezamos a pensar con el corazón, apagamos la tele y medios y dejamos el miedo de lado (si es que está ahí) verás que somos capaces de comprometernos con nosotros mismos a otro nivel. Desde la unidad de tu Alma verás que el contexto de cambio que tenemos delante es el ideal para crear otra línea de tiempo, mejorar tu vida y la de tu familia y ser quien has venido a ser. Así te lo cuento porque así lo estoy viviendo y qué sentido tendría el no poderlo compartir. No existe nada mejor que compartir experiencia, conocimiento y realidad para el beneficio de todos y a eso dedico mi . Te deseo lo mejor, desde el fondo de mi corazón. Feliz semana. Namasté.






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