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  • Amor R Girgenti

Lo que nunca tuve y tanto me ha aportado no tener (todo es una cuestión de enfoque)

Como madre y como mujer que se ocupa en acompañar procesos, vivencias y experiencias de crecimiento personal... como persona que facilita a otras personas el reencuentro con nuestra fortaleza innata, con la calma y la paz internas... agradezco las formaciones, terapias y sobre todo, las innumerables experiencias de la vida que me han hecho crecer.

Y es quizás gracias a todo ello, que tengo ahora la certeza de que nunca sabré lo que son ciertas cosas, porque nunca las tuve. Quizás ahí radique mi interés en aportar ahora al mundo bienestar, armonía y paz, porque sé que con estos valores construiremos un lugar mejor para nuestr@s hij@s. Y como madre, este tema me toca mucho, y en primera persona.




Soy de esas personas que tuvieron la suerte de vivir su embarazo no sólo como deseado, sino como una reconexión con su esencia. Hay mujeres a las que nos pasa.


Desde luego al principio no fue tan claro; al principio sólo sentí la gran calma y emoción que me invadían, al punto de relativizar absolutamente todo lo que "antes" había sido mi vida. Y es que me dejaron de interesar, de pronto: los bolsos, las leyes, los cotilleos de la empresa, mi peso, las lacas de uña, los outfit más guays y ser la más mega-curranta... para empezar a priorizar mi calma mental, mi coherencia interna, cuidar mi estado de ánimo, alejar hábitos no saludables (fue entonces que dejé de fumar) y fijarme (más) en lo positivo de la vida.


Luego, al nacer mi hija, tomé consciencia de lo que es "criar en el respeto": no reírme de ella - sentía cómo ella era consciente de cada uno de mis pensamientos -, no forzarla a nada, ni a comer, ni a dormir ni a nada... respetar sus ritmos con total disponibilidad, someter las lavadoras, la limpieza y el orden doméstico a los deseos de mi pequeña angelita. Ni que decir tiene que sin una pareja colaborativa, nada de esto habría sido posible... o sí habría sido posible, claro, pero de un modo bastante más caótico e inestable.


El caso es que tras un tiempo, vino el segundo descubrimiento: me di cuenta de que mi vocación en la vida había cambiado. Ya no quería seguir enseñando materias cerradas, estructuradas, sino que me llamaba el compartir mis experiencias y el acompañar personas. Esto es algo que sabía desde hacía mucho, de hecho había estado matriculada 2 veces en Psicología - aunque había terminado abandonando la posibilidad de realizar esos estudios por otros más atractivos para mi, en cada ocasión - y ahora parecía ser el momento de lanzarme... como al final hice, un tiempo después.


El motivo de este post no es explicar mi recorrido personal hasta donde estoy hoy, aunque de facto lo esté repasando; el motivo de este post viene dado por la pregunta que a veces me asaltaba, formulada desde mi propia mente limitante: y tu, que fuiste tan carente de escucha, de respeto, de miradas... ¿cómo quieres acompañar a otras personas? y luego, el inevitable ¿existirá alguien perfect@ para acompañar a otras personas?



Por supuesto, la respuesta a esta última pregunta es no: nadie es perfect@. Y si nadie es perfect@, no hace falta (ni se puede) ser perfect@ para acompañar. Por otra parte, tampoco creo que fuera muy gratificante que alguien "perfect@" nos acompañara... ¿para qué? (...)


Y ahora, respecto a la primera pregunta... ¿de dónde saco yo ahora, para acompañar, si antes hubo sólo carencia? (...) vamos, ¿que no se puede hacer? ...


Pues aquí tengo una respuesta, y rotunda, además: sí, se puede. Se puede sacar de la carencia, porque el amor es infinito y es de ahí de donde se saca. Por supuesto que se puede. Y a esto hay que añadir algo necesario y básico: hay que entender muy bien y muy profundo y muy honestamente, que nadie es más que nadie, que tod@s somos iguales y que no puedo juzgar a nadie. A nadie. No puedo emitir juicios de valor sobre personas. Porque lo que le hago a otra persona, me lo hago a mí misma. Y porque lo que juzgo en otra persona, "pecado" mío también es.... por mucho que mi sombra me impida verlo.


Y partiendo desde esta realidad, me he dado cuenta de que sí, que con mi trabajo aporto lo que nunca tuve. Sí, es posible dar lo que no se tuvo. Es posible. Sé que hay quien dice lo contrario, pero no. Yo soy la prueba viviente de ello... yo y much@s más que hay por el mundo. Precisamente porque si nunca lo tuve no está adquirido, sino ansiado y refexionado, eso en primer lugar. Y luego, porque la practica me dijo que sí, que es posible conocerse y trabajar y sacar de donde no hay: es posible. Y en tercer lugar, ahora sé que saco del amor, y esa es una fuente que nunca se acaba... y me doy cuenta al mismo tiempo de la inmensa suerte de poder dar lo que no he tenido: a mi hija le doy escucha y apoyo incondicional, aunque duela y quiera salir corriendo a veces... no lo hago. Le doy escucha y apoyo incondicional. A las personas a las que atiendo, les doy respuestas, escucha y conexión con ellas mismas, con sus almas... aunque esto tenga mucho menos crédito y sea algo distinto, ya que lo que hago es canalizar desde los registros, no darlo yo misma. Técnicamente no soy yo. Además por otra parte, sería imposible que yo supiera tanto... pero bueno. Haberme abierto a hacer todo esto es también para mi un logro del que estoy feliz.


Y esto es una suerte. Porque en mi caso personal vengo de la falta de escucha y de varios temas más... y es una suerte porque todo está perdonado, y me siento ligera, en paz. Es una suerte porque "no caigo en desgracia", como por ejemplo: "mi padre y mi madre nunca me supieron atender ni escuchar... ¡ay pobre de mi!" y caigo en desgracia... Y así es como pasa, como nos cerramos a la vida, dentro de nuestro personaje creado por nosotras mismas, ese que suele estar solo y muerto de miedo, pobre. Un personaje elaborado a fuego lento a base de "desgracias"... que se suele presentar bien como víctima, bien como verdugo. Lo bueno, también aquí, es que podemos gritarle: ¡rompo este rol de víctima! y romperlo. Lo podemos hacer cuando queramos. Porque no somos pobres, ni somos víctimas, y merecemos mucho más. Nos merecemos todas las oportunidades, el amor, la comprensión, el cariño, la delicadeza y el respeto que nos queramos dar. Nosotras mismas decidimos lo que nos queremos dar. Y si no sabes cómo empezar, escríbeme que yo te ayudo. Ahora me dedico a esto, ¿recuerdas? a ayudar a l@s demás a ser felices y a reconectar.


Y también quiero decir que la vida es preciosa, que por difícil que sea la situación que atravesemos, siempre se trata de una experiencia muy valiosa de la que podemos aprender. Quiero decir que siempre (siempre) hay salida y aprendizajes, y que están disponibles si nos lo proponemos y es eso lo que queremos obtener de todo ello. Lo demás es personaje, máscara, mentiras... que puedes romper cuando decidas. Sin miedo, que ese no sirve pa ná.




Soy Amor Rodríguez Girgenti, y desde Sanando ofrezco terapias espirituales y alternativas que aportan calma interior, paz, respuestas y bienestar a las personas que consultan. Trabajo con registros akáshicos, terapia regresiva, péndulo hebreo y otros métodos. Soy coach, licenciada en historia del arte, experta en arte contemporáneo y varias cosas más. He sido profesora de idiomas y arte muchos años, y ahora estoy completamente enfocada en mi misión de vida, que es informar al mundo del poder que poseemos dentro de nosotras y del conocimiento ilimitado y la paz que podemos extraer de nuestras propias vivencias.


¡Un abrazo y gracias por tu lectura! :)

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